MESA: LA SOCIEDAD COLONIAL, APELLIDOS Y GENEALOGIA

PONENCIA DE MARCOS AZERRAD. (CIDICSEF)

TÍTULO: LA SOCIEDAD COLONIAL CRIPTOJUDIAS Y SUS ORIGENES GENEALÓGICOS

MODERADOR: NATALIO STEINER

Los Tribunales de la Inquisición se establecieron en la América Colonial en primer lugar en Lima (llamada entonces Los Reyes), en el año 1570; luego México en 1.571 y posteriormente Cartagena de Indias en el año 1610. Cabe señalar que fueron múltiples los intentos por establecer un Tribunal Central del Santo Oficio, no solo en Córdoba, sino también en Buenos Aires; en este último caso, por pedido expreso del Gobernador del Río de La Plata, Don Diego Martín Negrón en el año 1610, con resultado negativo. El Tribunal de Lima tenía jurisdicción en Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia y Uruguay respectivamente, además del propio Perú. El principal objetivo era erradicar de las Indias a los Cristianos Nuevos, sospechados de judaizantes, estableciéndose de modo imperativo “El Estatuto de Limpieza de Sangre”, que imponía que “ni judíos, ni moros, ni herejes, ni hijo o nieto de quemado, reconciliado o sambenitado podía ingresar a sus dominios”.
A partir de 1580, pero sobre todo cuando se ordenó la expulsión del Brasil, a raíz de la Anexión de Portugal por Felipe II, se originó una verdadera invasión de judíos portugueses, que abandonaron las cálidas costas del Brasil y se refugiaron en el Río de La Plata, confundiéndose con su población con mucho disimulo; en tanto, otros dirigiéndose a Córdoba y hacia el Alto Perú, (Potosí, Esteco, Ruta del Tucumán). Como dato ilustrativo de interés, es válido señalar que en el año 1580 se produce la unificación de los Reinos Ibéricos (España y Portugal), que se extiende hasta el año 1640, en tanto en el año 1621 y períodos posteriores el Rey Felipe IV, establece e intensifica la presencia de numerosos funcionarios del Tribunal del Santo Oficio en Brasil (Familiares, Comisarios, etc), lo cual determinó que innumerables judíos, marranos y cristianos nuevos considerados “portugueses”, desembarcaran en las Colonias del Plata, huyendo de la implacable persecución inquisitorial. En el año 1622, el veinticinco por ciento de la población de Buenos Aires, se componía de lusitanos.
Cabe destacar que la casi totalidad de los historiadores (Boleslao Lewin, José Toribio Medina, Torre Revello, Lafuente Machain, Marcos Curzón, Joseph Esquenazi, Martín Wasserman, entre otros), sostienen categóricamente que en aquella época “portugués era sinónimo de judío” (GENTE DA NAÇAO). El Tribunal Inquisitorial se constituyó en un instrumento temible, despiadado y cruel de control social, donde alcanzaba a todas las escalas y estratos sociales y del que nadie podía escapar. Eso motivó precisamente que muchos de los perseguidos ocultaran su verdadera identidad para sobrevivir. Por su parte, el poeta y ensayista Luis Franco, sostiene que, en el año 1619, llegaron a Buenos Aires ocho navíos con una gran cantidad de pasajeros de origen judío provenientes de Lisboa y de Lima. Estos inmigrantes se integraron a la sociedad porteña, casándose con las hijas y nietas de los primeros vecinos, dando origen al patriciado porteño. Entre los apellidos Franco señala los siguientes: “Arana, Argañaráz, García, Zabala, Irala, Torres, Pereda, Cueto, Insiarte, Gaete, Garrigós, Ezcurra, Beláustegui, Pereyra, Ramos, Sáenz Valiente, Acevedo, Piñeiro, Vidal, Fragueiro, Pinto Rocha, etc”. En igual sentido Lafuente Machain señala que en el año 1619, llegaron al Puerto de Buenos Aires, ocho navíos con pasajeros portugueses “que en su gran mayoría podían ser judíos o judaizantes, lo que llegó a ser una obsesión para las autoridades eclesiásticas”. En definitiva, las corrientes migratorias de los judíos portugueses que se instalaron originariamente en el Buenos Aires colonial son indiscutible y así lo afirman la mayoría de los autorizados investigadores que abordaron históricamente esta cuestión. En esa línea de pensamiento señala José María Ramos Mejía que “Es notorio que una fuerte corriente emigratoria de mercaderes portugueses, en su casi totalidad judía, afluyó al Plata, manteniéndose por muchos años como un importante elemento poblador de Buenos Aires”. Si se analizan los apellidos porteños y “principales” de los tiempos de entonces, se verá en efecto, que todos o casi todos procedían de cepa hebreo-portuguesa. En igual sentido, se pueden identificar apellidos similares que poblaron originariamente los territorios de Brasil, Chile y Perú.

CURRICULUM SINTETIZADO

Los Tribunales de la Inquisición se establecieron en la América Colonial en primer lugar en Lima (llamada entonces Los Reyes), en el año 1570; luego México en 1.571 y posteriormente Cartagena de Indias en el año 1610. Cabe señalar que fueron múltiples los intentos por establecer un Tribunal Central del Santo Oficio, no solo en Córdoba, sino también en Buenos Aires; en este último caso, por pedido expreso del Gobernador del Río de La Plata, Don Diego Martín Negrón en el año 1610, con resultado negativo. El Tribunal de Lima tenía jurisdicción en Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia y Uruguay respectivamente, además del propio Perú. El principal objetivo era erradicar de las Indias a los Cristianos Nuevos, sospechados de judaizantes, estableciéndose de modo imperativo “El Estatuto de Limpieza de Sangre”, que imponía que “ni judíos, ni moros, ni herejes, ni hijo o nieto de quemado, reconciliado o sambenitado podía ingresar a sus dominios”.
A partir de 1580, pero sobre todo cuando se ordenó la expulsión del Brasil, a raíz de la Anexión de Portugal por Felipe II, se originó una verdadera invasión de judíos portugueses, que abandonaron las cálidas costas del Brasil y se refugiaron en el Río de La Plata, confundiéndose con su población con mucho disimulo; en tanto, otros dirigiéndose a Córdoba y hacia el Alto Perú, (Potosí, Esteco, Ruta del Tucumán). Como dato ilustrativo de interés, es válido señalar que en el año 1580 se produce la unificación de los Reinos Ibéricos (España y Portugal), que se extiende hasta el año 1640, en tanto en el año 1621 y períodos posteriores el Rey Felipe IV, establece e intensifica la presencia de numerosos funcionarios del Tribunal del Santo Oficio en Brasil (Familiares, Comisarios, etc), lo cual determinó que innumerables judíos, marranos y cristianos nuevos considerados “portugueses”, desembarcaran en las Colonias del Plata, huyendo de la implacable persecución inquisitorial. En el año 1622, el veinticinco por ciento de la población de Buenos Aires, se componía de lusitanos.
Cabe destacar que la casi totalidad de los historiadores (Boleslao Lewin, José Toribio Medina, Torre Revello, Lafuente Machain, Marcos Curzón, Joseph Esquenazi, Martín Wasserman, entre otros), sostienen categóricamente que en aquella época “portugués era sinónimo de judío” (GENTE DA NAÇAO). El Tribunal Inquisitorial se constituyó en un instrumento temible, despiadado y cruel de control social, donde alcanzaba a todas las escalas y estratos sociales y del que nadie podía escapar. Eso motivó precisamente que muchos de los perseguidos ocultaran su verdadera identidad para sobrevivir. Por su parte, el poeta y ensayista Luis Franco, sostiene que, en el año 1619, llegaron a Buenos Aires ocho navíos con una gran cantidad de pasajeros de origen judío provenientes de Lisboa y de Lima. Estos inmigrantes se integraron a la sociedad porteña, casándose con las hijas y nietas de los primeros vecinos, dando origen al patriciado porteño. Entre los apellidos Franco señala los siguientes: “Arana, Argañaráz, García, Zabala, Irala, Torres, Pereda, Cueto, Insiarte, Gaete, Garrigós, Ezcurra, Beláustegui, Pereyra, Ramos, Sáenz Valiente, Acevedo, Piñeiro, Vidal, Fragueiro, Pinto Rocha, etc”. En igual sentido Lafuente Machain señala que en el año 1619, llegaron al Puerto de Buenos Aires, ocho navíos con pasajeros portugueses “que en su gran mayoría podían ser judíos o judaizantes, lo que llegó a ser una obsesión para las autoridades eclesiásticas”. En definitiva, las corrientes migratorias de los judíos portugueses que se instalaron originariamente en el Buenos Aires colonial son indiscutible y así lo afirman la mayoría de los autorizados investigadores que abordaron históricamente esta cuestión. En esa línea de pensamiento señala José María Ramos Mejía que “Es notorio que una fuerte corriente emigratoria de mercaderes portugueses, en su casi totalidad judía, afluyó al Plata, manteniéndose por muchos años como un importante elemento poblador de Buenos Aires”. Si se analizan los apellidos porteños y “principales” de los tiempos de entonces, se verá en efecto, que todos o casi todos procedían de cepa hebreo-portuguesa. En igual sentido, se pueden identificar apellidos similares que poblaron originariamente los territorios de Brasil, Chile y Perú.